15 de diciembre de 2007

Sobre mañanas de muerte y perdición.

Desperté con el rostro ensangrentado
la sangre seca dibujo sobre mí
pequeños niños durmiendo
dentro de bolsas de nylon
abrazados a ovejitas bebés.

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Y pensar que me tendré que tomar
el perfume que me regaló mamá…
ya no hay más vino en mi vaso.

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Les regalé una sonrisa y me devolvieron sangre.
Les pedí fuego y me quemaron el rostro.
Les pedí que lo cuidaran y me lo entregaron muerto…

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Me tendrías que ver…
mi mirada inerte lame la muerte.

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En la mañana despierto solo en la penumbra
una bocanada de sangre que trato de morder
una bocanada de tristeza que me trata de encontrar.

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Cuando quedo quieto en la mañana entre las plantas
imagino lo que nunca podrá ser.

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Creí que iba a ser salvo…
pero no lo fui
caí lentamente al vacío...
como una piedra que cae en silencio.





Jon.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada vez que salgo no me acuerdo lo que hice...
me pregunto cuantas veces habre muerto sin haberme dado cuenta...



Hoy estoy muy quemado...y no me acuerdo nada.

Anónimo dijo...

Ahora que me acuerdo ese ser arriba del tronco lo encontramos una noche por Ituzaingo, o no?
Buena poesía nocturna.